Remordimiento.

El Destrio

Aquella tarde tenía varios teléfonos móviles para reparar en su banco de trabajo. Los miró por encima: Un par de baterías que cambiar, una pantalla rota, dos o tres cambios de carcasa y poco más. Si se ponía a ello y no había complicaciones podría salir pronto de aquel cuchitril oscuro.

Tras entregar los dos primeros se puso a desmontar el siguiente, protegido por una funda tan llamativa que solo podía pertenecer a una adolescente. Sí, aquella pantalla se había llevado un buen golpe y la carcasa de metal estaba rayada. Le colocó una pantalla nueva, la conectó y apretó aquellos extraños tornillos. El día que la gente se entere que todo esto solo consiste en tener el destornillador apropiado se nos acaba el negocio – pensó. Una vez terminado lo encendió para probarlo, e introdujo el pin que venía anotado en el ticket de reparación.

Tras comprobar que el…

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