Capítulo III, 9ª parte del episodio 18 de Vidas Truncadas

Portada Vidas Truncadas
franizquiero|Vidas Truncadas

17 de noviembre de 1996

   Los de la funeraria se hicieron presentes en la sala mortuoria, a eso de las cuatro de la tarde, y una vez introducido el cuerpo en el féretro le trasladaron hasta la capilla de Nuestra Señora de La Esperanza, sita dentro de las instalaciones del IB (Instituto de Bachillerato) Gabriel y Galán, que, por aquel entonces, era la parroquia asignada al barrio de la Data. La masiva afluencia de personal desbordó la capilla y los aledaños del recinto, acudieron al sepelio para darle su último adiós, además de todos los vecinos de la Data, amigos y conocidos de los barrios de Procasa, Miralvalle, El Pilar y de los aledaños de la Plaza Mayor. Finalizado el acto religioso, a duras penas e intentando abrirse paso entre la multitud, tras descender por los cuatro, amplios y pétreos peldaños que separaban el vehículo fúnebre de las instalaciones lograron introducir el féretro, las cosas se complicaron aún más a la hora de intentar colocar la infinidad de coronas y ramos de flores que se habían ido sumando. La comitiva fúnebre transcurrió lentamente a través del tramo de carretera N-630, que por aquel entonces dividía en dos prácticamente la ciudad.

   Al llegar al Cementerio de Santa Teresa, el sacerdote les estaba esperando a las puertas y, acto seguido, condujeron sus pasos hasta una de las galerías que estaba situada a mano derecha del Campo Santo. Los hermanos de Antonio habían acordado enterrarle en el mismo nicho que ocupaban sus progenitores. El sacerdote decidió posponer la inhumación durante unos minutos, con el fin de que estuviesen presentes todos aquellos que se habían desplazado hasta el lugar para despedir al finado.

   Realizando el albañil los últimos retoques del sellado del nicho: —Bueno, al menos aquí no le volverán a dejá solo nunca más —murmuró uno de los hermanos. Teresa desapareció caminando con paso firme y rota de dolor, sin que nadie se percatase: aquellas palabras las sintió como una puñalada en su dolorido corazón.

   Al llegar a la parada de la línea 1, a pesar de que tan solo eran las seis y cuarto, había anochecido.

   Una vez en casa, lo primero que hizo fue darse una buena ducha, allí bajo la húmeda, tibia y reconfortante cortina de agua dejó que sus lágrimas se entremezclasen con la espuma al recordar que se había quedado totalmente sola, después de secarse el cuerpo, y el cabello con un secador, condujo sus pasos hasta su habitación y se vistió con ropas cómodas e instintivamente se introdujo en el dormitorio utilizado por Antonio, sus lágrimas corrían por sus mejillas mientras retiraba las sábanas y la funda de la almohada para depositarlas en el cesto de la ropa sucia, después, abrió el armario y extrajo un juego completo de sábanas, rehízo la cama y adecentó el dormitorio. Unos minutos después, entró en la cocina y calentó, en un cazo, un poco de leche para tomarse un tranquilizante que horas antes le había sido suministrado en el centro hospitalario y, sin más, se metió en la cama a eso de las ocho.

   Doce horas después, Teresa se levantó sobresaltada y confusa, con la sensación de que todo podía haber sido una aterradora y desagradable pesadilla. De un salto se puso en pie y corrió hasta el dormitorio contiguo, pero al abrir la puerta y comprobar la ausencia de Antonio y que todo estaba ordenado volvió en sí y de nuevo se derrumbó por completo…, aún con lágrimas en los ojos se dirigió hasta el salón, cogió una silla y regresó a su dormitorio, la situó junto al armario y se subió sobre esta y agarrando una maleta en cada mano se bajó, con sumo cuidado, de la silla y las depositó sobre la cama. Abrió el armario de par en par y comenzó a traspasar tan solo aquellas prendas que consideró imprescindibles. Tras desayunar y fregar los utensilios utilizados, se introdujo en el cuarto de baño se aseó y atusó un poco el pelo, comprobó que todas las luces estaban apagadas y que los grifos estaban cerrados, se acercó hasta el mueble del salón para recoger el primer regalo que le hizo en su día Antonio y tras recorrer con la mirada cada rincón del hogar, despidiéndose de él para sus adentros, salió de este, introdujo la llave en la cerradura dio un par de vueltas; tras enjugarse con un pañuelo de papel las lágrimas que habían brotado de nuevo, pulsó un par de veces con suavidad sobre el timbre de la puerta de enfrente:

   —Ya, vaaa —respondió Evaristo.

   Abrió la puerta y se quedó atónito y sin palabras al contemplar la escena.

   —Buenos días, señor Evaristo, ¿podría usted hacerme un último favor?

   —Sí, hija mía, uno y tos los que t’hagan farta, hija, ya lo sabes…   —respondió sin salir de su asombro.

   —Necesito hacer una llamada… Me marcho de aquí.

   —¿Y cómo asín, hija?

   —Sin Antonio no tiene sentido que yo siga viviendo aquí ni en Plasencia. Y, si a usted no le sirve de molestia, me gustaría que se haga cargo de las llaves del piso y se las entregue a cualquiera de sus hermanos.

   —Cuenta con ello hija, ya sabes que to aquello que esté en mis manos pués contá con ello —expresó visiblemente emocionado.

   —Bueno, señor Evaristo…, en primer lugar, agradecerle por lo amble y atento que siempre se ha mostrado con nosotros y…

   —Espera hija, que t’ayúo a bajá las maletas —indicó al tiempo que tiró del pomo de la puerta hacia él.

   Unos minutos después de llegar al portal apareció el taxi en la plazuela, ambos se agacharon para asir las maletas y se situaron a pie de calle. El taxista se bajó del vehículo y, tras saludarles, abrió el maletero y él mismo introdujo el equipaje mientras que ellos se fundían en un fuerte abrazo:

   —Muchas gracias por todo y cuídese usted mucho —dijo sin poder evitar que las lágrimas se hiciesen presentes.

   —Lo mismo te digo, hija mía, y, le rogaré al Señor, pa que te de suerte —articuló conmovido por la situación.

   El taxi emprendió el rumbo, Evaristo se quedó en mitad de la plazuela, despidiéndose agitando la mano en alto hasta que les perdió de vista.

*****

 

Gracias por la atención.
Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s