Capítulo IV, 2ª parte del episodio 1 de Vidas Truncadas

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franizquiero|Vidas Truncadas

 

 

   —¡Ah!, Fíjese usted si se me ha pasado rápido el tiempo, que ni siquiera me he dado cuenta de que estábamos en Plasencia… ¿mm?

   —Carmen, me llamo Carmen.

   —Mucho gusto, encantada de conocerla, yo Teresa —dijo acercándose para darle un par besos.

   —Igualmente, maja y que tenga, usté, un güen regreso.

   Se abrieron las puertas del autocar y al bajar, Carmen es recibida por unos familiares, Teresa camina hacia las escaleras que conducen hasta la entrada principal. Al ascender al último peldaño miró el reloj que está justo por encima de la puerta principal

   —Joder, las dos y veinticinco, ya —se dice para sí misma, al tiempo que condujo sus pasos hacia la cafetería y, tras desprenderse del clásico abrigo de paño azul, se acomodó en una de las mesas.

   —Hola buenos días —saludó el camarero—, ¿qué va usted a tomar?

   —Hola, tomaré el menú del día.

   —¿Y para beber? —preguntó de nuevo, al tiempo que la entregaba un folleto con las opciones a elegir.

   —Un par de botellines de agua, a ser posible, sin refrigerar.

   Unos minutos después, acudió el camarero con la bebida y un cestillo con pan.

   —¿Ha decidido ya, la señora?

   —Sí, tomaré lentejas estofadas, filete de ternera con patatas y de postre una manzana.

   Media hora después, se levanta y dirige hacía el mostrador y elevando su mano en alto para llamar la atención del camarero.

   —Por favor, cuando pueda, me ponga un café con un poco de leche templada.

   Unos minutos después.

   —Aquí tiene su café, señora.

   —¿Me dice usted que le debo?

   —Doce euros con cincuenta.

  Teresa introdujo la mano en el negro bolso de mano, sacó un monedero de piel, descorrió la cremallera, extrajo un billete de diez junto a tres monedas de euro y se los entregó en mano.

   —Quédese con el cambio.

   —Muchas gracias, señora.

   Al salir de la estación, bajó las escalerillas agarrándose a la barandilla metálica y, una vez en la acera, se giró hacia la derecha y se dirigió hacia el taxi que estaba estacionado bajo la marquesina, en primera posición.

   —Hola, buenas tardes —saludó al tiempo que abría la puerta trasera y se acomodaba en el asiento de atrás.

   —Hola, ¿a dónde la llevo?

   —A la floristería que está en Santa Teresa.

   Siete minutos después.

   —¿Qué le debo?

   —Seis euros.

   Se bajó del taxi, rebuscó entre la calderilla del monedero, le entregó las seis monedas al tiempo que se despedía de él y se adentró en la floristería.

   —Hola buenas tardes —saludó Teresa.

   El rostro del dependiente adquirió un tono entre alegre y sorpresivo.

   —¡Hombre! ¿Qué tal? ¿Ya está usted de vuelta?

   Teresa sonrió.

   —Sí, aquí estamos, hijo, para no perder la costumbre.

   El joven salió de detrás del mostrador para darle un par de besos.

   —Lo de siempre, ¿verdad? Ella asintió

   —Sí, eso mismo.

   —Hay que ver lo de prisa que corre el tiempo, ¿verdad?

   —A mí, me lo vas a decir, hijo. Que apenas andabas cuando te ví por primera vez y ya estás echo todo un hombre.

   —Bueno, pues aquí tiene usted su encargo.

   —Déjame un bolígrafo, por favor.

   «Con todo mi cariño para ti» —escribió sobre la nota que pendía de la perfumada y roja rosa, el mismo mensaje que años atrás escribiese de puño y letra Antonio, sobre la nota que portaba aquella rosa roja de trapo que le regaló y que aún conservaba en casa como oro en paño.

   —Ricardo, ¿qué te debo, hijo?

   —Nada señora, Teresa.  Esta vez le invita la casa, tómeselo como un premio por su lealtad y constancia.

   —Muchas gracias por el detalle hijo, ¡que tal y como están los tiempos que corren!, no estamos para andar derrochando… No sé hasta dónde vamos a llegar…  desde que nos cambiaron al dichoso euro, nada ha vuelto a ser igual: al final, va ser cierto eso de que «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Esto de la democracia nos va a perjudicar a los que menos tenemos, como siempre: para que no perdamos la costumbre…

   —No se preocupe usted por nada, mujer, y muchísimas gracias por seguir visitándonos.

   —Bueno, hijo, no te entretengo más. Dales muchos recuerdos a tus padres.

   —Se los daré de su parte, adiós, señora Teresa, adiós.

*****

Gracias por la atención.
Saludos

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5 comentarios sobre “Capítulo IV, 2ª parte del episodio 1 de Vidas Truncadas

  1. Escribes bien pero todo se parece más a un guión de cine que a una novela. En la novela los diálogos no deben de ser cotidianos sino que deben de romper con la normalidad. Debes de ir al grano. Escribir sólo lo esencial, aquello que hará al lector quedarse enganchado a la novela. Imagínate el encuentro entre Carmen y Teresa, todo lo que pones es demasiado previsible, imagínate que las dos coinciden en la salida del autobús y una le cede el paso a la otra, al final chocan y se caen. Las dos deben de ser trasladadas juntas al hospital. Al llegar se encuentran que ese amor de su vida es la misma persona… Ves, eso no es cotidiano. Escribes bien y puedes pulir mucho la escritura y hacer maravillas. Si quieres, cada vez que publiq

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    1. Agradezco tus palabras por el hecho de intuirlas desinteresadas y sinceras.

      No sé si estás al tanto de lo que indico en las páginas que encabezan el blog.

      Vidas Truncadas fue la segunda novela que escribí y por entonces desconocía infindad de asuntos relacionados con el tema literario.
      Desconozco desde cuándo estás leyendo esta novela que, dicho sea de paso, solo falta por subir un episodio. Algo que hago con el fin de no pribar de su lectura a las personas menos pudientes.

      La historia que quería contar era la que está escrita, doy por hecho que podría mejorarse, pero a la vez, al igual que las que tengo escritas hasta ahora, servirá para evidenciar la evolución personal. No escribo para entretener al lector ni por el beneficio económico, ya que la existencia de las mismas se debe al trasfondo que lleva implícita una historia que ha sido creada para, entre líneas, contar otra, que es la que realmente me interesa transmitir, es decir, el lector/a ha de leer con detenimiento con el fin de no perderse lo verdaderamente esencial.

      Trato de escribir de manera sencilla sobre temas reales desde la ficción, es decir, que nada de lo narrado está basado en un hecho verídico, temas que me llaman la atención por cualquier motivo y/o me preocupan.

      Cuando termine de subir esta, comenzaré con Atrapados en la red y desde aquí te invito a que le eches un vistazo y comentes lo que consideres oportuno, puesto que me vendrá muy bien cualquier observación que hagas al respecto, aunque la obra se quedará tal cual por en mismo motivo que he mencionado anteriormente.

      Agradezco el ofrecimiento y quedo a la espera de la decisión que tomes una vez leído este comentario.

      Saludos

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  2. Perdón, ha pasado algo, en fin. Si quieres, cada vez que publiques me avisas y lo miro en profundidad. Procura no escribir lo que pasa normalmente en la vida, eso no engancha al lector. Dale vueltas y busca lo extraordinario. Eso es lo que engancha. Saludos y ánimo, aquí tienes a un amigo que te puede ayudar.

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  3. Será todo un honor para mi leer tu nueva historia y darte mi sincera opinión. Yo tengo un amigo lector que me dice siempre lo que piensa y a veces se fija en cosas que uno no se daría ni cuenta. Cuando aparezca cada capítulo pégame un toque, lo leeré con detenimiento. Saludos.

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    1. El comienzo será a las 7: 00 del domingo 21 de enero y a esa misma hora iré subiendo un episodio cada día hasta llegar al final de la misma.

      Sí, sé en lo que consiste contar con un lector 0, aunque hasta ahora he venido caminando como Juan Palomo.

      Gracias por el ofrecimiento, y espero que no te cortes a la hora de exponer todo aquello que consideres errado y/o que pordría ser mejorado.

      Saludos

      Le gusta a 1 persona

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