Actitud y aptitud…

Escrito el día 26 de diciembre de 2015

El comportamiento humano es algo que me ha llamado la atención desde que tengo uso de razón, algo que, tras percatarme y analizarlo, me ha reportado y produce infinidad de emociones y sentimientos desde entonces hasta el día de hoy.

Hace poco se incorporó al grupo que administro en Face una persona que, según él, su apellido le sitúa en tierras de Extremadura, en Logroño su perfil y, sin saber por qué; pero dando por válido que en la vida nada surge porque sí y que todo en esta tiene un porqué… y que, como consecuencia de ello y su forma actuar: intuyo que donde realmente se halla es en Babia.

Imagino que al leer este artículo, aporte, escrito… habrá quien se pregunte en qué me baso para afirmarlo sin tener en cuenta que podría quedar como un estúpido ignorante ante los demás y, del mismo modo, que no se conformaran con lo redactado hasta ahora y de ahí que sienta necesidad de razonar lo expuesto.

El susodicho fue agregado por la esposa de Isidoro, un hombre que al principio me pareció correcto, educado, noble y que con el paso de los días cambió notoriamente su actitud y, por ende, le adjudiqué por sobrenombre del Despechado. Y, aclarado esto, decir que: cada vez que observo que el número de integrantes ha variado, independientemente de que sea positivo o negativo, tengo por costumbre comprobar quien entra o sale. Más que nada, para saber por donde vienen los tiros en caso de observar una actitud impropia, con respecto al propósito y razón de existir este tipo de páginas, entiéndase esto último como Redes Sociales y, desde ayer mismo, como resultado de cumplirse el patrón causa-efecto o acción-reacción: he optado por realizar algunos cambios como el hecho de anotar el nombre de los que se van de manera voluntaria con el fin de no admitirles de nuevo a modo de método preventivo, por entender que sería absurdo correr riesgos innecesarios.

Antes cualquiera podía agregar a sus amigos al grupo, podía subir aportes a su libre albedrío y, por el mismo motivo, a partir de ahora: seré quien autorice o deniegue la entrada de ambos. Y, explicado el asunto, retornamos al tema en cuestión:

Al visitar el perfil de el que dice ser mi paisano, con la intención de saber que muestra y comparte en su perfil, me llamó la atención que solo aparecían tres imágenes, que por cierto dos de ellas están repetidas, posiblemente de manera intencionada; ya que descaradamente le identificaban como militante de Izquierda Unida. Pero no fue eso lo que me extrañó, sino que había sido cambiada por un cuadrado negro la que le identificaba como persona justo el mismo día que había sido agregado por su camarada: aquella actitud me hizo sospechar que podrían haber urdido algún plan y decidí unirme a uno de los grupos donde se supone que participa con la intención de averiguar algo más sobre este «oscuro personaje» y he dicho se supone porque, después de ser admitido, estuve echando un vistazo por encima y la verdad es que no fui capaz de encontrar ningún aporte. Al día siguiente, regresé a su perfil y me dio al ojo que ya no compartía públicamente los grupos, algo que me extrañó por el hecho de intuir que se estaba escondiendo y, la verdad es que, cuando alguien se comporta así en espacios donde lo lógico es compartir con los demás aquello que considere oportuno: no es como muy normal, al menos para las personas que se tienen por coherentes y se hacen valorar.

El notas, da a entender en uno de sus parlamentos que este «escribidor» podría estar interesado en que apareciese como protagonista en uno de mis «bet seller», palabra que me hace suponer que desconoce el significado de esta y/o no sabe que la misma no tiene nada que ver con lo que pretendo y que me voy a abstener de pronunciar: por el hecho de que aparece reflejado en cualquiera de los Blogs y en la Web donde ofrezco lo que hasta ahora tengo escrito y registrado. Y, aclarado esto, por entender que no es necesario ser más explícito, decirle que el papel de personajes absurdos y estúpidos no es precisamente el perfil que me interesa, sino el de un personaje que tras reflexionar y abandonar los malos hábitos termina convirtiéndose en un ejemplo a seguir y, por ende, acaparando el papel de protagonista por entender que el ser noble y cabal es un bien escaso por el medio y por tanto le correspondería por autonomasia.

Espero y deseo que después de leído esto, no sea tan estúpido de intentar convencerme de que ha cambiado porque, además de absurdo, sería perder el tiempo en defender lo indefendible con respecto a tu aptitud; ya que: para ser noble y cabal esto ha de venir en los genes y si no es así, independientemente de que la interpretación del actor o actriz sean o resulten convincentes, la falsedad y la intencionalidad salen a la luz por sí mismas en el interlineado: cuando menos te lo esperas…

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Grcias por la atención.

Saludos

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Hoy he ido a pescar al Ebro…

Escrito el 27 de julio de 2013

Deambulaba por mi cabeza desde hacía varios días la idea, pero no sería hasta ayer, por la mañana, cuando decidí que hoy, después de desayunar y haber realizado mis obligaciones diarias, me desplazaría hasta el río con la intención de pasar un buen rato.

A penas a doscientos metros apartado de casa y a unos cincuenta de la ciudad, se halla el lugar elegido para pasar la mañana pescando. Se trata de pequeño lago artificial, que recibe las aguas del río a su paso por la ciudad de Miranda de Ebro. Lago que a su vez está bordeado por unos caminos que son frecuentados por los ciudadanos para pasear a cualquier hora del día.

Frente a mí, al otro lado del lago, hay una zona donde abundan las espadañas y los carrizales, a mi izquierda, a unos veinticinco metros, se halla un pequeño puente que sirve para comunicar los caminos y el acceso hasta donde me encuentro. A mi espalda tengo unos frondosos y verdes chopos que me resguardan del sol y que discurren paralelos al río. A la derecha, a unos cincuenta metros se encuentra otro puente que permite el encuentro entre los caminos que conducen hasta el paraje donde se acopla el Bayas al Ebro…

Al llegar, he invitado a los peces a comer, es decir, les he lanzado al agua unas bolitas de masa de pan —lo mismo que utilizaría después como cebo—. Al comenzar a pescar, era tal la calma del aire y el agua que el lago parecía más una imagen, que una realidad.

A través del pabellón auditivo percibí cómo, llegaba el alborozado canturrear de los discordantes pajarillos, desde todas direcciones. Estos parecían estar compitiendo por ver cuál cantaba más alto y mejor, pero, al aguzar los sentidos, era tal la concordancia y precisión que podían ser escuchados todos y cada uno, independientemente de la frecuencia de emisión o proximidad que estos se hallasen con respecto mi ubicación. A menos de un metro de donde estaba sentado, he podido ser testigo, de cómo dos percasoles, de unos diez centímetros de longitud, defendían la zona que utilizan para desovar, cual si fueran dos caballeros de la Edad Media defendiendo el castillo de su Señor y, por ende, cualquier pez o animal extraño que se acercase era atacado ferozmente. Su actitud me ha hecho pensar que no dudarían en atacarme incluso a mí si hubiese sido preciso defender a su descendientes. También he observado que en alguna de las invasiones, incluso se han unido para expulsar a quien osara acercarse hasta ellos y otras, en cambio, no se han reconocido entre ellos y se han atacado con igual o mayor saña: algo que, al mismo tiempo, me ha dejado sorprendido y hecho sonreír.

Me ha llamado la atención la destreza y precisión de las golondrinas que se han estado acercando hasta el lago para ir cogiendo agua, no sé si era para beber, o para ir haciendo el nido, aunque creo que el verano está muy avanzado y posiblemente incluso hayan nacido los polluelos.

Me gusta pescar de orilla, es decir, con veleta y a escasos metros de la orilla, ya que: para mí, es bastante más interesante que pescar a fondo y esperar a que el pez lo haga todo; solo por el hecho de que conlleva estar más atento y, ante cualquier movimiento de esta, pegar un leve tirón para clavar el anzuelo en la comisura de los labios del pez.

A eso de media mañana, me ha picado la primera, pero no he logrado sacarlo del agua; ya que, este me ha roto el sedal y la veleta. No creas que se trata una hipérbole, sencillamente se ha roto el bajo de línea a la altura del anzuelo. Se trataba de una carpa común, la he tenido muy cerca de la orilla y, por lo que he podido ver, por el tamaño y el grosor, esta no pesaría más de un kilo y medio. Un rato después, me ha vuelto a picar otro pez y tampoco lo he podido sacar, en esta ocasión se ha enganchado en una rama y al final se ha soltado, pero este era pequeñito.

Sobre la una más o menos se ha levantado viento y me ha traído un rico y agradable olor a galletas recién hechas, este olor procede del cercano polígono industrial donde se encuentra situada la fábrica de Galletas Coral y, después de haber recibido este apetecible olorcito, ha sido mi estómago el que ha comenzado a dar señales; algo parecido a calor y sensación de vacío y esto es lo que ha determinado el final de la jornada de pesca.

La verdad es que no me importa el no haber sido capaz de pescar nada, ya que eso me ha permitido descubrir cuantas cosas maravillosas hay a nuestro alrededor y, no somos conscientes de que la vida es algo maravilloso, y que tan solo requiere que nos fijemos un poco más en esos pequeños detalles que tan cerca tenemos y, a veces ni siquiera somos conscientes.

Para mí, hoy es un gran día y siento necesidad de compartirlo contigo.

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Gracias por la atención.

Saludos

Paseo matinal por las riberas del Ebro… 6

Escrito el 21 de noviembre de 2015

Emociones y sentimientos percibidos durante un paseo matinal llevado a cabo como cualquier hijo de vecino con la intención de mejorar la circulación sanguínea, mover el esqueleto y darle quehaceres a la testa con cualquier situación agradable o preocupante desde la individualidad, es decir, caminando en compañía de la soledad, la temperatura ambiente y el susurro del agua y/o el viento por la margen izquierda del río, que según consta en los libros de texto, es el más caudaloso de España.

Al parecer, según lo que he leído por ahí, las emociones son unas reacciones psicológicas ante diversos estímulos que pueden ser provocados por personas, animales, cosas… y que son las encargadas de impulsar y motivar a las personas para que actúen. Y, es por ello, que; puedo decir, sin temor a equivocarme, que las neuronas se encargan de convertir las hormonas y neurotransmisores en sentimientos, o lo que es igual: poder asegurar, sin ningún tipo de perjuicio para mí, que los sentimientos son el resultado de las emociones tras haber sido procesadas en el cerebro.
 
Como ya he dicho anteriormente en los escritos que preceden y guardan relación directa con este, que el otoño es una estación que no afecta a las personas por igual y, teniendo en cuenta el párrafo primero y el segundo, voy a narrar las emociones y sentimientos que cada uno de los protagonistas y escritos causaron en mí:
 
En el primer y segundo caso, el de las Secuoyas, el asombro, la tristeza y la ira propiciaron que mi reacción fuese inmediata: «tengo que denunciar esta situación públicamente», rumié con pesadumbre.
 
Mi asombro fue mayúsculo al observar que después de tantos años dejando claras evidencias de su precaria salud nadie se había dignado a echarles una mano. El desconsuelo que provocó en mí, la tristeza, facilitó el paso a la irritación inyectada por la ira y esta hizo que el cerebro terminase convirtiendo la información recabada en un descomunal y persistente dolor; en el tercero, el de los Ecuatorianos, mismas emociones, misma reacción y el mismo sentimiento; en el cuarto, el del Observador la cosa cambió sustancialmente, los ánimos se fueron calmando como consecuencia del tiempo transcurrido, la climatología y el encanto envolvente propiciados por el susurro del agua y la imperceptible brisa. Las emociones percibidas no fueron otras que: un nimio estado de euforia capaz de mitigar durante unos segundos el sufrimiento insuflado en el corazón y la mente a penas unos minutos antes: conduciéndome a un estado de desarreglo emocional derivado de los sentimientos encontrados al haberse exteriorizados sin ser esclarecidos por el que está acreditado para generar conclusiones e ideas; en el quinto, el del pescador, la indiferencia mostrada por él provocó que al converger la Adrenalina con la Serotonina y la Dopamina, además de que estas inyectasen en mi estado anímico una dosis de optimismo, al percibir la algarabía formada por las anátidas tuviese que abandonar el lugar con tanta urgencia que desaparecí de allí sin agradecerle el socorro alcanzado y sin despedirme de él; en el sexto, el de las anátidas, a pesar de la distancia que nos separaba, el encuentro visual y auditivo con los ánades y las ocas propició que, el regocijo que me produjo la escena que me tele transportó hasta mi infancia y ciudad natal, concluyese que, todas las emociones y sentimientos percibidos durante aquellos escasos quince minutos que duró el paseo matinal, deberían ser escritos y compartidos con el fin de inmortalizar algo tan económico como  saludable y placentero.
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Gracias por la atención.
Saludos

Paseo matinal por las riberas del Ebro… 5

Escrito el 21 de noviembre de 2015

 
…Al llegar a la altura donde está ubicado el cartel que, además de indicarnos que estamos frente a la etapa número 12, Miranda de Ebro –Haro, del GR 99, de las rutas incluidas en Plan Nacional de Caminos Naturales y nos indica el trayecto a seguir, descubrí que el inquietante y neurálgico bullicio no era como derivación de algún espeluznante percance, tal y como conjeturé al percibirlo, sino por la ansiedad que causaba la lasitud gravitatoria empleada por los mendrugos de pan, en recorrer el breve espacio que mediaba entre al agua y la acera donde se encontraba un señor de edad avanzada que, con la algarabía formaba, gozaba tanto a más que las anátidas cuando estás lograban arrebatar a sus congéneres algún trozo o migaja.
 
Desde la distancia, me fui contagiando y, al contemplar la escena, además de trasladarme hasta mi infancia, sentí una felicidad enorme al revivir aquellos momentos en que la chavalería recorríamos el barrio cada vez que nos enterábamos de que había o se celebraba algún bautizo. Donde entre gritos y cánticos luchábamos por conseguir desde un simple caramelo, unos céntimos o en el mejor de los casos, si el padrino se tomaba en serio lo de «/¡Que no se diga!/ ¡Que no se note!/ ¡Que ese padrino, no tiene bigote!/» y le daba por arrojar cuatro o cinco monedas de 25 pesetas, un par de 50 y, en algunos casos, los menos, lanzar al aire, después de habernos exigido que gritásemos más alto, incitándonos al mostrar con reiteración un trozo de papel impreso con el número 100 y la imagen de Gustavo Adolfo Becquer o la de Manuel de Falla.
 

Y, como, además de gustarme escribir sobre aquello que, independientemente de que haya sido visto, leído o escuchado, por el hecho de haberme llamado la atención, siento necesidad de compartirlo, por considerar que puedan resultar interesantes y/o satisfactorias, con todas aquellas personas que disfrutan con la lectura.

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Gracias por la atención.
Saludos

Paseo matinal por las riberas del Ebro… 3


Escrito el día 17 de noviembre de 2015

Proseguí con el paseo y, en menos de un minuto, llegué hasta el lugar donde está ubicado el Observador y, en silencio, me detuve a contemplar cómo este se encontraba de ánimos. Le miré de arriba abajo y, a pesar de que su estatus era notoriamente inmejorable, sin hacer el mínimo gesto por su parte, noté que estaba tan triste como el acude al sepelio de una persona cercana; esa y no otra, fue la impresión que en mí causó: otro de los inertes árboles que hay ubicados en las riberas del río Ebro, a su paso por la ciudad donde resido…

Tan silencioso o más que el sosiego que transmite contemplar la caída de una amarillenta, afligida y resignada hoja a la que no le ha quedado más remedio que despedirse de la vida sin posibilidad siquiera de evacuar una sola lágrima ni de suspirar un quejumbroso clamado o nimia lamentación…

Templado, con la mirada perdida entre sus pensamientos y un punto inexacto existente entre su cabeza y el suelo, espera, como cada día, desde que fuera tallado y humanizado, invariable sin dejarse influir por el cambio de estación ni por el exiguo transitar humano, sin prisas, tal y como se exhibe cualquier objeto o estatua que esté anclado a una enorme y pesada losa… a él lo que le gusta es pasar desapercibido y observar desde el mutismo: camuflado entre los demás congéneres.

Al cabo de unos segundos, reparé en que ya no estaba tan alterado y enojado, la indiferencia mostrada por el apático y caracterizado árbol, el susurrante transitar de las contenidas aguas y la futilidad del viento hicieron que me relajase sin tener consciencia de ello hasta después de proseguir con el paseo.

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Gracias por la atención.
Saludos